Richard Stallman sigue sin teléfono móvil: un acto coherente de soberanía digital
El fundador del movimiento del software libre reafirma su rechazo a los celulares por considerarlos dispositivos de rastreo y vigilancia constantes. Su postura, lejos de ser una excentricidad, resume décadas de advertencias sobre la privacidad en la era de los smartphones.
Hace apenas unos días, Richard Stallman volvió a recordar por qué no lleva un teléfono móvil encima. En declaraciones recogidas por Computer Hoy, el fundador del proyecto GNU y de la Free Software Foundation fue claro: "No tengo teléfono móvil, no voy a llevar un dispositivo de rastreo que registre dónde voy todo el tiempo, ni un dispositivo de vigilancia que pueda activarse para espiar".
La frase no es nueva, pero sigue siendo potente. Stallman la repite desde hace más de una década, mucho antes de que la mayoría de la gente empezara a hablar de vigilancia masiva o de los escándalos de Cambridge Analytica. Para él, un teléfono inteligente no es una herramienta neutral: es un aparato diseñado para reportar su ubicación, sus contactos, sus búsquedas y hasta activar su micrófono de forma remota sin que el usuario lo sepa con certeza.
Desde los foros e IRC de los 2000 hasta las charlas actuales, Stallman siempre defendió la misma idea: la libertad del usuario no se negocia. El software libre no es solo cuestión de precio o de comodidad; es una cuestión ética y política. Si el código no es libre, no podés estar seguro de lo que realmente hace tu dispositivo. Y los teléfonos móviles, dominados por Android (en su versión no libre) o iOS, son el ejemplo perfecto de esa pérdida de control.
El trade-off que pocos quieren ver
Autohospedar tu propio servidor de correo o tu instancia de Matrix tiene costos: electricidad, mantenimiento, tiempo. Pero Stallman lleva esa lógica hasta el final. Prefiere no tener teléfono antes que cargar uno que no controla. Muchos lo tildan de radical o de anticuado. Desde la comunidad hacker argentina que creció con los canales de IRC, sabemos que esa "radicalidad" es simplemente coherencia.
Llevar un teléfono implica aceptar que una corporación (Google, Apple, o las que proveen los servicios de red) sabe dónde estás en cada momento. Aceptás que el micrófono puede activarse sin tu consentimiento explícito. Aceptás actualizaciones que cambian las reglas de juego sin pedirte permiso. Stallman decidió no aceptar ese contrato.
Alternativas reales, aunque imperfectas
No todos podemos o queremos vivir sin teléfono en 2026. Pero sí podemos reducir la dependencia. Usar un teléfono con GrapheneOS o /e/OS, limitar las apps instaladas, deshabilitar los servicios de ubicación cuando no son necesarios, o incluso volver a dispositivos básicos que solo hagan llamadas y mensajes. La cuestión no es volverse Amish digital, sino recuperar el control que nos han quitado por comodidad.
En la cultura de los servidores propios y el autohospedaje, la postura de Stallman es un recordatorio útil: la soberanía digital no termina en tener tu propio Nextcloud. Empieza por cuestionar cada dispositivo que aceptás llevar en el bolsillo.
Su rechazo no es nostalgia por los años 90. Es una advertencia actualizada. Mientras los gobiernos y las empresas siguen ampliando los sistemas de reconocimiento facial y los datos de localización se usan para todo tipo de perfiles, la decisión de no llevar un rastreador permanente sigue siendo una de las formas más efectivas de resistencia personal.
Desde MamaLibre siempre dijimos que el software libre es una forma de organizarse en comunidad. Stallman, con sus virtudes y sus defectos públicos, encarna esa idea desde 1983. Que en 2026 siga sin teléfono móvil no es noticia vieja. Es una invitación a seguir pensando antes de hacer click en "aceptar".
Fuente: Computer Hoy